Qué hacemos

Como vivimos y trabajamos

Entre todos queremos conformar una comunidad familiar, donde se pueda experimentar un clima de amor evangélico y de diálogo fraterno. Para conformarlo, además de las capacidades técnicas y personales de cada uno, hace falta una gran vocación de servicio, generosidad y una profunda humildad, para poder trabajar en equipo, dejándose siempre cuestionar y enseñar por la realidad.

Este clima de hogar, como el de Jesús, María y José en Nazaret, no solo contribuye al mejor funcionamiento de la institución, sino que constituye un aporte fundamental para los niños, las madres y todos los que formamos parte del Hogar Amparo Maternal.

Para poder realizar nuestra tarea de promoción humana, educativa y de evangelización, es imprescindible asumir de corazón a las personas, en todas sus circunstancias y cruda realidad. Solo así podremos contribuir a sanar heridas y a desplegar todo el potencial que cada uno tiene.

Sin un auténtico amor nadie puede descubrir su dignidad de persona y de mujer; sin un amor verdadero, fiel, gratuito, desinteresado, nadie puede intuir el sentido de la vida.

Deseamos con humildad que en nuestro pobre amor a madres y niños puedan conocer el amor de Dios. Saber que cuentan con Su amor es el aporte más profundo que podemos hacer a sus vidas y la única fuente de esperanza cierta para su futuro.

UA-100028210-1